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Entrevista realizada por Òscar Ramírez Dolcet

Un hombre camina por su estancia cavernosa, húmeda, oscura. Roza la cincuentena que, en la época en la que vive, no es poco. De repente, alguien le ataca por la espalda y, de un golpe fuerte en la cabeza, acaba con su vida. Este no es el principio de una novela de Andrea Camilleri ni un caso para el comisario Montalbano. Esta es una historia real, la de un crimen que tuvo lugar hace unos 5.000 años en la Cova Foradada de Calafell.

Ahora, gracias a profundos estudios y numerosa documentación, se han conocido algunos de los principales detalles que rodearon esa muerte violenta. Aquella cueva habitada años atrás, ahora en silencio y convertida en yacimiento para arqueólogos, paleontólogos, historiadores e investigadores de diversas áreas, ha empezado a dar luz a las sombras mediante el cráneo de aquella víctima y muchos otros elementos hallados en 1999. Miguel Ángel Moreno, director de la investigación en la Cova Foradada, nos atiende para responder a nuestras preguntas y aportar detalles sobre ese cráneo, el momento del crimen y para hablarnos de otros muchos casos de muertes violentas que se conocen y nosotros ignoramos.

Miguel Ángel Moreno es el director de la investigación en la Cova Foradada (Calafell).

Miguel Ángel, ¿Cuál es la historia del cráneo que centra esta entrevista? ¿Por qué en su momento se estudia a fondo el elemento y qué hace pensar que pueda tratarse de una muerte violenta?

Este cráneo se encontró en 1999 durante una excavación de urgencia para recuperar los restos que se encontraban más superficiales en la cueva, y evitar así su deterioro o pérdida. Sin embargo, hasta ahora no se habían estudiado estos restos humanos a fondo, con esto me refiero no solamente a identificar los individuos presentes en la cueva, su sexo y su edad, sino al análisis del deterioro y alteración de los restos desde su enterramiento hasta nuestros días. Este tipo de estudio sobre las modificaciones producidas en los huesos desde la muerte de los individuos hasta que los encontramos se llama “tafonomía” o “análisis tafonómico”. Fue durante este estudio, concretamente cuando mirábamos los patrones de fracturación del conjunto, para diferenciar fracturas de huesos en seco o huesos en fresco, por ejemplo, cuando nos dimos cuenta de la fractura de este cráneo, que tiene unas características propias del hueso fresco, y provocada por una fuerza externa en un punto localizado, es decir, todo parecía indicar que había sido un golpe provocado por algún objeto. Esta identificación de la fracturación en fresco del cráneo fue el punto de partida que nos llevó a iniciar el estudio de cómo se produjo.

¿Qué supone el descubrimiento sobre los hechos de la muerte a nivel internacional? ¿qué aporta a nivel global?

Este tipo de evidencias de violencia son bastante habituales en los yacimientos arqueológicos. Sin embargo, no suele ser habitual llegar a inferir con mucho detalle cómo se produjo un ataque en concreto. Lo más interesante de este caso es haber podido reconstruir cómo se produjo la muerte del individuo, qué objeto-arma se utilizó, e incluso cuál fue la posición más probable del atacante y la víctima en el momento del golpe. En muchas ocasiones no es posible realizar una descripción de las características de una fractura con tanto detalle debido al estado de conservación del cráneo en cuestión, por ejemplo, si está muy fracturado o deteriorado, por lo que este caso, en el que tenemos el cráneo completo y en un magnífico estado de conservación, puede servir de modelo comparativo para otros investigadores que encuentren en diferentes contextos arqueológicos evidencias similares. También constituye un ejemplo para diferenciar las armas utilizadas durante el Neolítico y Calcolítico (hace entre 7500 y 4500 años aproximadamente) a través del tipo de fractura que provocan en el cráneo.

Diversas perspectivas del cráneo estudiado y elemento clave en la investigación.

Hechas las investigaciones, las conclusiones son que se trata de una muerte violenta. ¿Qué datos concretos se han esclarecido sobre esta muerte?

Gracias al detallado análisis y descripción de la fractura que presenta este cráneo ha sido posible inferir el arma más probablemente utilizada, la azuela de piedra. Sabíamos que este tipo de objeto se utilizaba como arma durante este periodo, junto a otra gran variedad, como mazas de piedra, flechas, bates de madera, hachas, etc., pero diferenciar entre el uso de una u otra en un caso concreto de enfrentamiento violento no es habitual. Además, las características de la fractura (su localización, punto de impacto y dirección) indican que el golpe se produjo desde la espalda del individuo, probablemente por parte de un atacante diestro. El objetivo ha sido reconstruir la “escena del crimen” a partir de la fractura craneal, pero teniendo en cuenta que no ha sido encontrado el objeto concreto que se utilizó, y que no disponemos del cuerpo completo del individuo, sino únicamente el cráneo. Por tanto, lo más interesante es a partir de una evidencia que podría parecer pequeña, es decir, una fractura en un cráneo, ir poco a poco extrayendo información sobre el individuo al que perteneció, concretamente sobre sus últimos momentos de vida.

En el caso del cráneo en cuestión, se ha comentado que el individuo que fue golpeado tenía ya otras heridas previas. ¿Qué significa esto? ¿Hubo una pelea? ¿Eran heridas hechas mucho antes o en aquel momento, antes del golpe mortal?

El individuo presenta dos lesiones más en el cráneo, pero completamente curadas. Esto quiere decir que se produjeron mucho antes de su muerte, incluso varios años antes, y al menos una de ellas es muy probable que esté relacionada con otro golpe por parte de otro individuo, como era habitual en la época. Esto nos habla de la vida violenta que solían llevar estas poblaciones, hace unos 5000 años, con varios encuentros violentos a lo largo de su vida hasta que, en ocasiones, como este caso de Cova Foradada, uno de ellos le provocó la muerte.

¿Los datos que se tienen son los máximos que se pueden saber sobre este caso y este cráneo o, mediante otros procesos e investigaciones, se pueden obtener más datos?

Concretamente sobre la fractura del cráneo no creo que se pueda extraer mucha más información, hemos realizado una descripción muy detallada, utilizando incluso técnicas de visualización como la microtomografía computarizada (similar a un TAC médico). Sin embargo, todavía podrían saberse muchas más cosas sobre el individuo al que perteneció, a través de análisis de ADN para conocer su procedencia y su relación de parentesco con otros individuos del enterramiento, se podrían realizar análisis sobre la dieta que tuvieron, a través del desgaste dental, o estudios sobre el estado de salud general de la población enterrada en esta cueva, por decir algunos ejemplos.

Has comentado que mediante el estudio de los huesos que se localizan en una cueva, un yacimiento, en espacios concretos, se puede obtener más información de cómo se produce una muerte o el tratamiento que recibe el cuerpo tras ella. Explícanos mejor este punto. ¿Qué podéis llegar a saber y cómo?

El análisis tafonómico consiste en el estudio de las modificaciones que se han producido sobre los huesos, desde el momento de su muerte y enterramiento hasta que los excavamos. Estas modificaciones pueden producirse mucho después del enterramiento, por ejemplo, cuando una corriente de agua crea abrasiones o pulidos en los huesos, o cuando animales carroñeros entran en la cueva y dejan marcas de mordeduras sobre los restos y los fracturan. Pero también pueden producirse modificaciones en los huesos por parte de otros humanos durante el ritual de enterramiento, por ejemplo, desarticulando las extremidades o descarnando los cuerpos. Esta era una práctica habitual en este periodo, a veces con un sentido práctico, por falta de espacio en la cueva, o para acelerar el proceso de descomposición, y otras veces con un sentido ritual o simbólico. Estos posibles tratamientos funerarios de los cuerpos no deben confundirse con modificaciones producidas de manera natural o, por ejemplo, con las marcas provocadas por un golpe violento antes de la muerte del individuo. Por eso es importante tenerlo todo en cuenta, para descartar o confirmar qué o quién ha sido el responsable de la fracturación de un hueso, o de otras modificaciones específicas.

Primer plano del cráneo de la víctima estudiado en la investigación.

Teniendo en cuenta que, según los estudios, en el Neolítico se agravó la violencia, ¿Cómo se traduce este incremento en el modus operandi o situaciones de crimen?

Es cierto que en el Neolítico se documenta un incremento de la violencia entre individuos, aunque también hay que tener en cuenta que es a partir de este momento cuando contamos con una cantidad mucho mayor de restos humanos en yacimientos arqueológicos, por la generalización de los enterramientos colectivos, y también hubo un incremento de población considerable en este periodo. Sin embargo, aparte de la disponibilidad de mayores evidencias arqueológicas, una novedad que parece generalizarse en este periodo en Europa son los enfrentamientos armados entre grupos. Esto no era nada habitual en periodos anteriores. En el Neolítico europeo es frecuente encontrar tumbas colectivas de decenas, y en ocasiones incluso centenas de individuos, en las que todos ellos perecieron en un ataque violento por parte de otro grupo. Podríamos hablar de que la mayor complejidad social de este periodo, con comunidades asentadas en poblados permanentes, con la novedad de la economía agrícola y ganadera, sumado a un aumento de la población muy notable, daría lugar a un ambiente general más violento, en ocasiones incluso con enfrentamientos a gran escala planificados. Hay que considerar diferentes factores, tanto sociales, como económicos, demográficos, ideológicos, etc., al hablar de cambios sociales tan grandes como son el incremento de la violencia, teniendo en cuenta también que los comportamientos violentos han acompañado siempre a nuestra especie, incluso desde hace cientos de miles de años.

¿El caso de la Cova Foradada de Calafell, qué novedades aporta a vuestras investigaciones, la del IPHES y las tuyas en particular, tras el descubrimiento del que estamos hablando?

Este articulo supone un incremento en nuestro conocimiento sobre el uso de la Cova Foradada a lo largo del tiempo, concretamente durante el periodo en el que se utilizó como cueva sepulcral. En los últimos años se han publicado artículos muy interesantes sobre los niveles más antiguos de la cueva, del Paleolítico Superior, y en nuestro caso estamos interesados en aportar nuevos datos sobre los niveles más recientes de uso, es decir, durante el Neolítico y Calcolítico. De esta manera, combinando los diferentes estudios, tanto liderados por el IPHES como por otras Instituciones, tendremos una visión global de lo que ha sucedido en esta cueva a lo largo del tiempo. En mi caso personal esta publicación sobre el caso de violencia supone un paso adelante en mi tesis doctoral sobre los sepulcros colectivos. Los estudios sobre los niveles sepulcrales de la cueva se encontraban en pausa, y con el descubrimiento de esta evidencia de violencia avanzamos en el conocimiento de la población que utilizó como sepulcro este espacio hace unos 5000 años.

¿Hay otros casos parecidos en otros yacimientos? ¿Cuáles?

Sí, hay muchos yacimientos en los que se han encontrado marcas de violencia en los huesos, de diferentes cronologías, tanto en la península como en el resto de Europa. Uno de los casos más conocidos de la península ibérica, con una antigüedad muy similar al enterramiento de Cova Foradada, se encontró en el yacimiento de San Juan ante Portam Latinam, en la provincia de Álava, donde se encontraron más de 300 individuos, muchos de ellos con marcas de golpes e impactos de flechas, fruto de un enfrentamiento grupal a gran escala. Recientemente también se ha publicado el estudio de un enfrentamiento grupal de granjeros del Neolítico Antiguo en Els Trocs (Pirineo aragonés), o traumatismos en dos cráneos de la necrópolis neolítica de Campo de Hockey, en Cádiz. En el centro de Europa también se conocen muchos yacimientos con casos de traumatismos craneales que llevaron a la muerte de múltiples individuos a lo largo del Neolítico, como Talheim y Asparn/Schletz en Alemania, Koszyce en Polonia, o Verteba Cave en Ucrania, solo por mencionar algunos ejemplos. Incluso se han documentado evidencias de violencia letal entre individuos en periodos tan remotos como el Paleolítico Inferior, como el caso de la Sima de los Huesos, en Atapuerca, con una antigüedad de unos 400.000 años. Todos estos casos, y muchos más, especialmente los de una cronología similar a nuestro caso de estudio, nos han servido de comparación para nuestras interpretaciones. Como digo, la violencia en el pasado es un tema muy estudiado, y se conocen muchas evidencias en los restos esqueléticos, pero no tanto sobre las armas concretas que se utilizaron, ya que no siempre es posible de inferir.

El análisis de estas épocas históricas tan aisladas, de las cuales parece que se tenga mucha menos información de la que realmente hay, ¿hasta qué punto está ayudando a comprender la evolución humana a nivel científico? ¿Y a nivel social, porqué trasciende menos información? ¿Hay, quizás, poco interés por parte de la propia sociedad?

Para aumentar nuestro conocimiento sobre la evolución humana, desde los periodos más remotos hasta las fases más recientes de la Prehistoria, cada grano de arena cuenta, cada nuevo descubrimiento supone un paso más en el conocimiento de nuestro pasado. Sinceramente, no tengo muy clara la respuesta a esta pregunta. Muchas veces me he preguntado por qué unos determinados temas científicos trascienden más socialmente que otros. Personalmente creo que muchos temas de la Prehistoria sí que alcanzan una gran difusión a nivel social o mediático, aunque a veces es cierto que para muchas personas no son de importancia. Estamos hablando de hechos que ocurrieron hace miles, en ocasiones hasta millones de años, y que no tienen una repercusión directa en nuestro día a día, por lo que, en mi opinión, es posible que a mucha gente no le interese, o le parezca irrelevante. También es cierto que en muchas ocasiones no hay una gran inversión económica por parte de las diferentes administraciones en este tipo de estudios, y esto supone una limitación a la cantidad de avances científicos que se pueden hacer sobre nuestro pasado. Por otro lado, un interés mayor por parte de los medios de comunicación sobre estos asuntos, por ejemplo, la prensa y la televisión, sería un gran impulso para que los nuevos descubrimientos sobre nuestro pasado lleguen a la sociedad, y no se queden en conversaciones de despacho entre los propios investigadores o en las revistas científicas especializadas.

Miguel Ángel Moreno excavando en un yacimiento arqueológico, en una cueva sepulcral similar a la del estudio,

¿Seguís investigando, documentando, la Cova Foradada de Calafell o dais por acabado el trabajo allí?

Actualmente tenemos entre manos próximas publicaciones sobre el enterramiento colectivo al que pertenece este cráneo concreto. Por tanto, todavía tenemos trabajo por hacer, y estoy seguro de que las aportaciones de Cova Foradada al estudio de las prácticas funerarias durante el Neolítico Final en esta zona geográfica serán de gran importancia. La excavación de la cueva, sin embargo, está ya prácticamente terminada. Ahora es el turno de terminar de estudiar en el laboratorio el material encontrado.

¿En qué otras líneas de estudio o investigación estás trabajando ahora?

Ahora mismo estoy trabajando también en el yacimiento del Roc de les Orenetes, en Queralbs (Girona), donde también se encontró un enterramiento colectivo, de una cronología similar a la Cova Foradada, y que actualmente sigue en proceso de excavación. Este yacimiento tiene unas características muy similares a Cova Foradada, pero también algunas diferencias, por lo que es perfecto para comparar ambos yacimientos y ver las similitudes y variabilidad en este sentido, tanto respecto a la forma de enterramiento como a su alteración posterior por distintos procesos hasta nuestros días. Y también estoy involucrado en la excavación y estudio de la Cova dels Xaragalls, en Vimbodí – Poblet (Tarragona), donde también estamos encontrando restos humanos de diferentes cronologías, desde el Neolítico a la Edad del Bronce. Entre todos estos yacimientos, sigo trabajando sobre cuestiones de violencia, la fracturación de los huesos y la alteración de los sepulcros colectivos, y también la identificación y estudio de otras patologías que afectan a los huesos, para tener una visión lo más completa posible de las prácticas funerarias de estos periodos, las poblaciones humanas a las que pertenecen los restos, y la historia por la que han pasado estos yacimientos hasta la actualidad.

Sobre Miguel Ángel Moreno Ibáñez:

Investigador predoctoral en el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES, Tarragona), cursando el programa de doctorado de Prehistoria y Cuaternario de la Universitat Rovira i Virgili (URV). Como tema de investigación me dedico a estudiar los restos humanos de enterramientos colectivos desde el Neolítico a la Edad del Bronce en Catalunya, concretamente el tratamiento funerario y la alteración de estos sepulcros a lo largo del tiempo, incluyendo las marcas de violencia y posibles causas de muerte.