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Artículo de opinión de Gustavo Pérez Trujillo

La Filmoteca de Catalunya ha dado inicio al nuevo año cinematográfico con un regalo que difícilmente podría ser superado: un ciclo dedicado al renombrado cineasta húngaro Béla Tarr, quien es considerado una de las figuras más destacadas del cine contemporáneo y un ícono del llamado cine contemplativo.

Béla Tarr, recientemente galardonado con el prestigioso Premio de Honor de la Academia de Cine Europeo, visitó Barcelona para ser homenajeado en un evento que contó con la colaboración de diversas instituciones culturales, como el cine Zumzeig, la Academia del Cine Catalán, Filmin y la Escuela de Cine de Barcelona (ECIB). Durante este encuentro, el cineasta compartió sus reflexiones sobre su trayectoria profesional y resaltó la importancia de la “sensibilidad social” que ha permeado gran parte de su distinguida filmografía.

Béla Tarr. Foto: Marco Sánchez Sequera (Audiovisual451)

 

Béla Tarr nació en la Hungría comunista en una familia de clase obrera, y este trasfondo político y cultural marcó sus primeras incursiones cinematográficas, donde abordó los desafíos cotidianos y las esperanzas truncadas de la juventud de su época. Tarr compartió sus primeras motivaciones: “Cuando tenía veintidós años, era joven y estaba lleno de indignación. Sentía que vivía en un lugar terrible para los seres humanos, y esta fue mi primera fuente de inspiración. Sin embargo, con el tiempo, comencé a entender mejor el mundo y la vida. Inicialmente, pensaba que el mal era de naturaleza social, luego creí que era ontológico. Hoy en día, considero que tiene dimensiones cósmicas“.

A pesar del tono fatalista, a veces apocalíptico, de sus obras, el director rehúsa encasillarse en una definición concreta: “Cuando finalizo una película, surgen nuevas preguntas y descubro nuevos temas para explorar. Así es como construyo un estilo y un lenguaje propios”.

Fragmento de “El hombre de Londres” (2007).

 

A lo largo de su carrera, especialmente a partir de películas como “Almanaque de otoño” (1984) y “La condena” (1988), Béla Tarr desarrolló un estilo cinematográfico distintivo y fácilmente reconocible. Sus películas, filmadas en impresionante blanco y negro, se caracterizan por el uso de planos secuencia largos y movimientos de cámara pausados que se asemejan a complejas coreografías visuales. Tarr ha compartido sus reflexiones sobre el tiempo y el espacio en el cine: “El cine, al igual que la vida, se compone de tiempo y espacio. Sin embargo, la mayoría de las películas parecen ignorar el factor tiempo y solo utilizan el espacio para trasladarse de un lugar a otro”. Su obsesión por la estética y la extensión del tiempo lo ha llevado a ser comparado frecuentemente con el cineasta ruso Andrei Tarkovski, otro exponente del cine contemplativo y autor del influyente ensayo “Esculpir el tiempo” (1985). No obstante, Béla Tarr señala una diferencia fundamental entre ambos: “Tarkovski era una persona religiosa y creía en Dios. Para él, la lluvia era un fenómeno que purificaba el alma. En mi caso, la lluvia solo trae consigo barro y dificultades. Hay una distinción filosófica”.

Fotograma de “Los perros de resina”. (2003).

 

Las películas de Béla Tarr exploran las profundidades existenciales del alma humana, retratando un mundo sombrío, con paisajes a menudo embarrados y desolados, que evocan un purgatorio saturado de futilidad y apatía vital. Cuando se le pregunta sobre su proceso creativo, el cineasta prefiere hablar de conceptos intangibles en lugar de protocolos o fórmulas mágicas: “Partimos de una situación, de un esqueleto que funciona como un marco, y luego llevamos a cabo el proceso de selección de actores, en el que me involucro profundamente. Sin embargo, los personajes que uno imagina al principio rara vez coinciden con las personas que finalmente elijo. Todos somos diferentes, y encontrar la perfección es una tarea imposible”. En cuanto a la búsqueda de locaciones adecuadas para el rodaje, Béla Tarr revela que se deja guiar por sus instintos: “Cuando busco locaciones, me siento en el lugar y me imagino lo que podría ocurrir. A los veintitrés años, conocí a Jean-Luc Godard y le pregunté cuál era su secreto. Él me respondió que no lo sabía, que simplemente sentía que la inspiración llegaba a él. Hoy en día, mi respuesta es la misma: el cine simplemente llega”.

En su discurso, Béla Tarr ha rechazado cualquier forma de sofisticación y se ha mostrado notablemente pragmático, en contraposición a las expectativas de su audiencia: “Las cosas suelen ser más prácticas de lo que parecen. Despertarse a las tres de la madrugada, con frío y oscuridad, cuando todos están exhaustos y los actores no tienen idea de dónde están, y yo, como director, debo convencerlos de algo… Definitivamente, a las cuatro de la madrugada, no estoy pensando en Gramsci”. Además, el cineasta húngaro ha enfatizado que la creación artística es un proceso colectivo y que “la marca Béla Tarr” la conforman cuatro personas: el propio director, la editora y co-directora Ágnes Hranitzky, el escritor y guionista László Krasznahorkai y el músico Mihály Víg. Béla Tarr destaca la sensibilidad de estas personas, a pesar de que no sean cineastas, y enfatiza que sus conversaciones abordan temas fundamentales de la vida y la toma de decisiones, lo cual considera realmente importante.

Fragmento de la película “El caballo de Turín” (2011).

 

La última película de Béla Tarr se remonta a 2011, cuando tenía apenas cincuenta y seis años. Sin embargo, en 2017, el cineasta se sintió cautivado por dos “obras de arte totales”: una exposición de trescientos mil metros cuadrados en el museo Eye Filmmuseum de Ámsterdam y una instalación multidisciplinaria en Viena llamada “Missing People”, que combinaba arte expositivo

Béla Tarr en 10 películas

Estas diez películas que propongo ofrecen una visión fascinante del trabajo de Béla Tarr y su estilo cinematográfico. Cada una de ellas es una experiencia cinematográfica única y memorable.

  1. Sátántangó (1994) – Esta es una de las obras maestras de Tarr, conocida por su duración y su profundo retrato de una comunidad en decadencia.
  2. El caballo de Turín (2011) – Una película con un ritmo pausado que sigue la vida de un granjero y su hija en una aislada granja de Hungría.
  3. La armonía de Werckmeister (2000) – Una exploración de las tensiones sociales en una pequeña ciudad húngara a través de una enigmática exhibición de un animal gigante.
  4. La condena (1988) – Una historia de venganza y redención ambientada en una aldea rural, filmada en un estilo visualmente impactante.
  5. Nido familiar (1979) – La ópera prima de Tarr, que ya muestra su interés por los temas sociales y la vida cotidiana en la Hungría comunista.
  6. El hombre de Londres (2007) – Basada en una novela de Georges Simenon, esta película es un drama criminal oscuro y opresivo.
  7. Almanaque de otoño (1984) – Una exploración temprana de la estética y el estilo distintivo que Tarr desarrollaría en su carrera posterior.
  8. El viento sopla donde quiere (1996) – Una película que sigue a un vagabundo en su peregrinaje por un paisaje desolado, luchando contra las fuerzas de la naturaleza.
  9. Los perros de resina (2003) – Un drama que explora la relación entre un padre y su hijo en un contexto desolado y melancólico.
  10. El hombre de Budapest (2001) – Una película que examina la vida de un músico ciego y su relación con su familia y amigos en una pequeña ciudad húngara.