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Artículo de opinión de Martín Garrido Melero

El Rolls Royce, la pantera negra, la etiqueta negra, el frac, la elegancia siempre es negra”, “el negro sigue hacer comprender que un cuadro o una escultura deben ser observadas olvidando lo que hay a su alrededor”. Muchas de las colecciones y los libros de Franco Maria Ricci están guardados dentro de una caja negra en la que sola aparece las iniciales del autor (FMR), iniciales que pronunciadas en francés recuerda la palabra “efímero“, sinónimo de “vanitas”.

Junto a la envoltura, que se acompaña de un forro de seda y la rotulación que se realiza en oro, estampado en caliente y a la prensa, se ha buscado un papel especial. Muchas de estas colecciones están impresas, huyendo del blanco, en papel de hilo verjurado, fabricado especialmente para el editor, siguiendo las pautas que se hacía preparar la princesa María Luisa de Parma, segunda esposa de Napoleón, un papel realizado en forma casi artesanal en Fabriano, pequeña ciudad italiana cerca de Ancona, cuya principal fuente de riqueza desde 1250 ha sido el papel. Los libros se encuentran numerados, en tiradas que van desde los 5000 a los 1000 ejemplares y certificados al final para convertir cada libro en un ejemplar único e irrepetible

Continente y contenido, materia y forma. Junto a la forma exterior, bellamente cuidada en sus detalles, nos encontramos con el contenido, especialmente atractivo por lo temas buscados y por los autores elegidos para comentarlos. Los libros se acompañan de cuidadas imágenes, a manera de cromos superpuestos, que permite una aproximación visual al tema tratado, muchas veces suficientemente profunda parar calmar el deseo del lector y a su vez espectador.

I. LOS SIGNOS DEL HOMBRE

Con esta serie el Maestro Ricci quiere dejar constancia de los signos y los señales que el hombre en todo tiempo y a todo nivel, ha dejado de su piedad, de su sentimiento, de su fantasía y de su necesidad de expresarse. La colección se editó en algunos casos en varios idiomas, muchos ejemplares pero no todos, en español. Hay, sin embargo, uno que no fue necesario traducirlo a ninguno de los idiomas conocidos porque él sólo creaba un idioma propio. El Codex Seraphinianus fue ilustrado y escrito por una persona que se encerró durante dos años en una habitación en Roma. En sus láminas encontramos una ciencia y un lenguaje que es completamente distinto del nuestro pero que a su vez nos hace retroceder a nuestra infancia en que para nosotros todo era sorprendente y maravilloso y no pudiésemos leer la letra impresa.

Ricci, como Umberto Ecco, se encuentra atraído por los Beatos mozárabes hispanos y dedica un libro con el nombre de “Beato de Liébana” con comentarios del escritor italiano. Pero el tema del Apocalipsis de San Juan y sobre todo sus imágenes es algo que le obsesiona y le hace dedicar otro libro a una xilografía poco conocida que prepara el final de una época y el comienzo con la imprenta de otra (“Apocalipssie”).

El color de la vida es el negro, suma y superposición de todos los colores, pero Ricci sabe que el color de la muerte es el blanco, con lo que se identifica con la manera de pensar de los chinos, universo que quiere dejar constancia en “La China. Las artes y la vida cotidiana.“,  con vistas del P, Matteo Ricci y otros misioneros jesuitas.   “En la vida casi todo puede convertirse en aburrimiento y rutina, salvo la muerte, que continúa emocionándonos”, y sin embargo, los retratos de “el Fayum” nos atraen porque son retratos de muertos como si todavía siguieran vivos con nosotros.

La belleza en abstracto, simbolizada en la belleza de la mujer o de los objetos, forma parte del universo del editor italiano, al que vuelve una y otra vez. Las mujeres en “Boldini”, representantes de la Belle Époque; o “Tamara de Lempicka” con el diario de la gobernanta de Gabriele d´Annunzio, que deja constancia de las últimas palabras del escritor (“Me aburro”). Los objetos en “Erté”, “Alexandre Serebriakoff”, un retratista de interiores, con un triunfal catastro de mobiliario, de un inventario de haberes estereotipados para la eternidad en un orden perfecto; “Isadora Duncan” con esculturas déco en bronce y marfil de Chiparus, Preiss, etc.

Ricci investiga personajes prácticamente desconocidos que nos dejaron sus cuadros como testigos mudos de una época desaparecida. Italo Calvino le enseñó los cuadros de un indio que vivió prácticamente toda su vida en la aldea de la Purísima del Rincón ejerciendo su oficio de nevero y pintando a horas perdidas y años después los reprodujo en “Hermenegildo Bustos”, un cronista pictórico de los hombres del montón. En “Larkin” Ricci inventaría por primera vez la obra completa de un pintor que retrató la corte y los personajes de la época del rey Jacobo, el primer monarca que unió bajo su cetro la corona de Inglaterra y de Escocia, y cuyo hijo moriría en la guillotina; y en “Hackert“  sobre el Reino de Nápoles bajo Fernando IV de Borbón. “Qajar” nos muestra la visión de una Persia desconocida a través de la pintura desconocida de sus habitantes.

Especial interés tiene “Ligabué”, del que se dice que es y seguirá siendo uno de los primeros enigmas de nuestro tiempo, y de quien escribe nuestro editor “que sus únicos amigos, y sus enemigos fueron los animales.“ Los reproducía en telas con devoción; o “El bestiario de Aloys Zölt (1831-1887)”, que vivió una oscura existencia en un pueblo austriaco hasta que fue sacado del anonimato por André Breton y que también tuvo como objeto de sus cuadros los animales. “En el principio fue Borges. Para ver a Borges fui a Argentina y allí descubrí a Cándido Lopez”, escribe Ricci, añadiendo que su pintura refleja las imágenes de la guerra del Paraguay, la más sangrienta de todas las del siglo XIX.

El mundo de la oculto de lo misterioso no puede faltar en una colección de este tipo. “El Congreso del mundo”, con texto de José Luis Borges sobre los misterios de la India y el arte tántrico; “Tarots. El mazo viscontiano de Bérgamo y Nueva York”, con escritos de Italo Calvino; el “Arcimboldo, con texto de Roland Barthes; o “Las Ciudades del Amor”, un viaje a través de las utopías amorosas occidentales y las pinturas orientales. Bajo otro punto de vista, en “Napoleón apócrifo: historia de la conquista del mundo y de la monarquía universal (1812-1832)” se intenta saber qué habría ocurrido en el mundo si Napoleón hubiera ido a San Petersburgo en vez de a Moscú, recordándonos que “si la nariz de Cleopatra hubiera sido unos milímetros más corta, la historia entera de la tierra hubiera cambiado”. El último de los libros de la colección traducido al español ha sido “Historias prodigiosas”, en el que se mezcla el mundo de lo onírico y lo irracional.

En el “Libro de las Ruinas” nos recuerda que a Borges le hubiese divertido y lo habría aprovechado para extraer una enseñanza acerca de la fugacidad de los libros y del mundo. Espectacular es la reproducción del “Theatrum Sanitatis.Liber magistri”, una especie de enciclopedia del siglo XV, que reproduce en tres tomos, sobre breves nociones de la salud, la dietética y la vida cotidiana.

Aunque no forma parte de la colección de los Signos del Hombre, podría perfectamente estar en ella “Los Evangelios”, cuatro tomos en los que se reproducen los cuatro evangelios según la traducción de Casiodoro de Reina.

II. GUIDE IMPOSIBLE.

La colección que lleva este título es tan extensa como la anterior pero el tamaño de los libros es menor, no ha sido traducida al español y resulta bastante desconocida. Es la combinación entre nombres legendarios que se pierden en la noche de los tiempos y escritos muchos de ellos desaparecidos, desconocidos o anónimos, que ahora se han rescatado. Cada nombre va cargado de misterio y de intriga que te incita a descubrir que hay en texto, aunque también puedes únicamente dejarte llevar por las fantásticas imágenes que lo acompañan. Vean estos sugestivos títulos:

Lo turco visto desde Occidente siempre ha sugerido el misterio. “Scala di Levante”, con un escrito sobre la visita diplomática de Louis Demartin du Tyrac, vizconde de Marcellau (1820); o “Sublime Porta” y “Osmania“ con un escrito de Alexander William Kinglike sobre el Imperio del Sultanato reformado. En el mismo campo, “Crimtartaria” sobre Crimea y Kalmukia; “Circasia” en el Cáucaso, en la que la única ley que impera es la del talión: la sangre exige sangre; “Gulistán” con una crónica del viaje de un embajador británico para la negociar el conflicto entre Rusia y Persia (1820).

Algo similar ocurre con la mirada occidental que se fija en el Este. “Goorg”,un remoto ángulo de la India; “Tsu-Ching-Cheng” con un texto sobre la “Purpura Cittá Prohibita di Pechino con un picnic nel Palazzo d´Estato“; “Yuan-Min-Yuan” con cartas desde la China de los padres de la compañía de Jesús en el siglo XVIII; o los magníficos dibujos del siglo XIX  de “Lhasa” ; “Manilla” con un escrito de Grabriel Lafond de Lurcy, un corsario al servicio de la República de Perú (1818-1819); “Lolozia”, definida como el Far West chino; “Ling Nam” con subtítulo de un viaje la China marítima con una excursión a la misteriosa isla de Hainea; “Pegu” con un relato del viaje a esta ciudad del mayor Micheal Symes (1795).  Si hay un libro en las imágenes son suficientes es “Malwa” con dibujos de los príncipes de la India de la mano de Louis Rousselet (1863-1869 ).

El privitivismo de las culturas indígenas resulta igualmente atrayente y misteriosa. “Pampa”, immensa, senza limiti, senza varietà”, quien ha contemplado el horizonte del Océano en calma ha visto la pampa; “Mauritia” sobre el Brasil holandés; “Tupia” sobre el Brasil antropófago; “Quivera” con un relato de Monsieur Rondó, curioso, sobre la aventura de los apaches; “Windgondacua” sobre la Colina Perdida con escritos de viajeros del XVI; “Anáhuac” con una Carta de Hernán Cortés a Carlos V y una descripción de Tenchtitlan de una anónimo conquistador; “Indiania” sobre las tribus americanas; “Surinama”, “Zuzuland” , “Sogno” con un escrito de un misionero capuchino sobre el descubrimiento del Reino del Congo y Angola, o “Beúvania e Ottentottia” sobre el Kalahari.

Al igual que en los signos del hombre, Ricci se muestra interesado por la cultura americana colonial. “Uasteca” con escritos de personajes que acompañaron a la expedición francesa; o “Nueva España” con un relato de Méjico realizado por Giovanni Francisco Gemeli que parte de Italia en 1693 para dar la vuelta al mundo y recorrer el Méjico que se acompaña como siempre con extraordinarias pinturas de época.

También los territorios europeos pueden mover nuestra imaginación y curiosidad. Así “Dalmazia”; “Carpazia“ con un escrito de Victor Tissot, titulado Vagabundeo magiar (1880); ”Masovia” con dibujos de Varsovia del siglo XVIII y diversos escritos de viajeros, entre ellos Giacomo Casanova (165-1766); “Malta d´Oro“, con las lápidas de los Maestres de la Orden de Malta;  “Ingermanlandia-Sankt Peterburg; o “Argovia & Brigovia”. 

Finalmente, dos títulos son especialmente curiosos. “Eteria” sobre los viajes en globo del siglo XVIII y XIX y “Babilonia” con dibujos impresionantes que representan la torre de Babel y la confusión de las lenguas.


III. MOSCA DEPICTA.

Dicen que cuando Giotto, muy joven aún, estaban con Cimabué, cierto día pintó en la nariz de una figura que ese Cimabúe había hecho, una mosca tan natural, que cuando volvió el maestro para continuar su obra, varias veces  intentó espantarla con la mano, pensando que era de verdad, hasta que advirtió su error”. El relato es obra de Vasari (siglo XVI), aunque se ha puesto en duda la autenticidad de la anécdota. ¿Qué había querido hacer Giotto? ¿Demostrar que era superior a su maestro? ¿Gastarle una broma?

Uno de los libros más curiosos de Ricci es el que lleva este título. Formalmente sigue el formato de los anteriores, en cuanto a papel, color y envoltura, pero en este caso nos encontraos ante un libro cuadrado que puede perfectamente distinguirse de los anteriores. Se acompaña con imágenes de cuadros, generalmente religiosos, místicos o sagrados, aunque también hay profanos como los bodegones, en que sin motivo aparente aparece dibujado una mosca en el lugar más sorprendente. El espectador se ve inconscientemente llevado a la búsqueda de la mosca y muchas veces pierde la visión de la escena principal que queda sometido al influjo de este insecto.

Pero, ¿cuál es el significado de la mosca? Los investigadores han señalado algunos posibles significados, que no necesariamente son incompatibles. Se trata de que el pintor muestre su técnica en el dibujo, confundiendo al espectador en un verdadero trampantojo; un símbolo de que todo es perecedero, al encontrarse siempre las moscas en toda materia en descomposición; un matiz moralizante en una imagen religiosa; o simplemente introducir un elemento profano en un marco religioso para quitarle dramatismo. Incluso se ha indicado que puede tener un sentido práctico de evitar que las moscas reales pueden posarse en el lienzo. Otros autores se han percatado del valor pecaminoso de la mosca y su relación con el Diablo que vendría nominado con el nombre del  “Señor de las Moscas” (Beelzebud).

Pintores italianos, hispanos o flamencos de finales del siglo XV y sobre todo del XVI introducen la mosca en sus composiciones, aunque el motivo no desaparece del todo en el arte y hasta el propio Dalí vuelve al mismo.  La mosca sobre una calavera junto a un San Jerónimo orante es un reflejo de la vanitas que señala la podredumbre y corruptibilidad de las cosas terrenas y nos hace elevar la mirada hacia los valores espirituales e inmutables. La mosca nos serviría para recordarnos que todo, hasta la propia obra del pintor, es pasajero.

IV. LA ENCICLOPEDIA.

La Enciclopedia Razonada de los Ciencia, las Artes y los Oficios, conocida popularmente como la Enciclopedia de Diderot y D´Alambert o simplemente como la Enciclopedia iniciada en 1751 y terminada en 1772 y en ella colaboraron los más importes filósofos, escritores, políticos y en general investigadores anteriores a la Revolución Francesa que elaboraron 72.000 artículos (Voltarire, Rousseau, Dauberton, Louis de Jaucourt,  Montesquieu, Turgot,  Marmotel, de Prades, el barón de Holbach, Diderot, Bufón, etc).

La reproducción de esta obra ha sido quizás el trabajo más importante de Franco Maria Ricci, aunque es conocido sobre todo por la publicación de la revista de arte FMR entre los años 1982 y 2004. Los dieciocho volúmenes (12 de planchas y dibujos, 5 de voces y 1 de ensayo) encuadernados en piel y utilizando un papel verjurado realzado a mano en la ciudad de Fabriano convierte a la obra de Ricci en una auténtica obra de arte, reproducción facsímile sobre la editada en Paris, por Briasson, David y Le Breton en 1768.

Pasar las páginas dedicadas a las planchas es mirar a través de una ventana en que podemos vislumbrar e imaginar un mundo que estaba a punto de desaparecer con la Revolución y que ya nunca más volvería. Materiales de oficios ya desaparecidos son dibujados con total exactitud en un inventario del pasado, que una vez más nos recuerda la vanitas y la fugacidad de todo.


V. EL LABERINTO DELLA MASONE.

Franco Maria Ricci prometió a Borges en 1977 que construiría un laberinto y se puso manos a la obra cuando decidió cerrar la editorial que le producía pérdidas. El escritor argentino siempre había estado fascinado por el símbolo del laberinto, que era para él una representación de la condición humana. El editor, coleccionista, bibliófilo y esteta, cumplió en 2015 (después de 10 años de trabajo) su promesa y edificó en Fontanellato (Parma, norte de Italia), cerca del sitio donde había nacido, un laberinto inspirado en los modelos romanos, con ángulos rectos y dividido en cuartos, pero introduciendo pequeñas trampas y un perímetro en forma de estrella, que fue inaugurado y abierto al público en 2015. Se han plantado más de 20.000 bambús y hay 20 especies diferentes, rodeados por un restaurante de lujo, más de 500 obras de arte de primera calidad y la sede y archivo de la editorial, teniendo en el centro del mismo una capilla en forma de pirámide. En este lugar vivió Franco Maria los últimos años y fue donde murió el 10 de septiembre de 2020  a la edad de ochenta y dos años.

Soy un esteta a la antigua usanza, alguien que vive y trabaja para la belleza”. Esta fue la definición que hizo de si mismo FMR. Ricci nunca estuvo en Altafulla, pero él siempre aseguró que su herencia eran sus libros. Y éstos, todos los que hemos ido describiendo, se encuentran en nuestro pueblo.