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Entrevista realitzada per Òscar Ramírez Dolcet

L’Hotel Gran Claustre d’Altafulla ha estat un dels escenaris escollits aquesta setmana per al rodatge del curtmetratge “El Crédito” que ha dirigit Alex Escudero amb la producció d’ECIR Films, sorgida de l’Escola de Cinema de Reus que lidera Daniel Villanueva. Els protagonistes del curt són cares ben conegudes al món de cinema: José Sacristán, Amaia Salamanca, Manuel Galiana i Carles Bigorra. Salou, Tarragona i Reus són els altres espais on s’han enregistrat escenes d’aquesta història vinculada als efectes que comporta demanar un crèdit bancari.

No hem volgut deixar passar l’oportunitat de conversar amb un dels mites del cinema espanyols de les últimes cinc dècades, un actor nascut a Chinchón l’any 1937 que ha participat a més d’un centenar de pel·lícules i ha guanyat desenes de premis com un Goya, dues Conchas de Plata de San Sebastián, dos Cóndor de Plata o cinc Fotogramas de Plata.

Sacristán al hall de l’Hotel Gran Claustre, després de fer l’entrevista.

 

L’hem pogut veure a “La Colmena”, “La vaquilla”, “Asignatura pendiente”, “El viaje a ninguna parte”, “Un hombre llamado Flor de Otoño” i, molt abans, a totes aquelles pel·lícules clàssiques dels anys seixanta i setanta que molts tenim a la memòria col·lectiva. Actor de teatre a més de cinema on es va iniciar el 1965 amb “La família y uno más”, opinador directe de l’actualitat, fill d’un militant del comunisme i comunista declarat, no hi ha cap dubte que José Sacristán és un dels grans del cinema.

Asseguts al hall del Gran Claustre, amb un cafè al davant i cap presa per fer aquesta entrevista, conversem de manera distesa i amb plaer.

José, ¿Qué sensaciones te llevas de Altafulla?

Diría que me ha gustado, pero no es la palabra. Altafulla me ha fascinado. Me parece un sitio encantador, con una línea de belleza conservada en el tiempo que es realmente espectacular. Además, está en todos lo detalles, porque aquí mismo, en el hotel, convive la piedra con la madera y con el agua. Nos vamos encantados de Altafulla.

Hablemos del cortometraje “El crédito” en el cual participas. ¿Qué te ha llevado a tomar parte en él?

Me pareció que estaba en clave de una broma y muy bien planteado. Como tenia una pausa de tres o cuatro días en las representaciones teatrales de “Señora de rojo sobre fondo gris” acepté la propuesta, intuyendo que nos iba a gustar Altafulla, digo yo.

Me gustó la propuesta y me encanta trabajar con gente joven, me gustan las propuestas que tienen que ver con el juego, con una pirueta inteligente.

Un moment de la representació de l’obra teatrel “Señora de rojo sobre fondo gris”.

 

El corto es un género que ha costado de integrar dentro del concepto social que se tiene del cine. El hecho que hayan salido generaciones nuevas que no hayan llegado a hacer un largometraje, porqué es mucho más costoso a nivel presupuesto, ha generado un mayor interés por este tipo de creaciones que se han ido integrando cada vez más.

Sí, también porqué ahora la posibilidad de hacer una película es mayor que antes. El aparataje que antes se exigía era enorme fuese para un corto o un largo y ahora se puede resolver más fácilmente. Y, por otra parte, está el hecho que hay un montón de chavales jóvenes que encuentras sus vías de expresión a través del corto y hay ejemplos formidables. La verdad es esa.

Vemos ese cambio hasta en los festivales. Antes la categoría de los cortos era de alguna manera secundaria, hasta un poco prescindible, y ahora gana fuerza dentro de ellos. Otra cosa es preguntarse la utilidad de los festivales…

Sí, el nivel de utilidad de los festivales se me escapa, la verdad. Pero es cierto que hay puesta una atención sobre el mundo del cortometraje y por suerte desde hace bastante tiempo.

Hablando de festivales, hace poco se han entregado los Premios Goya que vienen a hacer una radiografía del estado de salud del cine español. ¿Cómo ves ese estado de salud?

El cine español, como el teatro español, son enfermos permanentes siempre amenazados, aunque nunca van a desaparecer.  Además, en estas circunstancias con la pandemia por medio, todo tipo de disciplina profesional está sufriendo las consecuencias y en el cine, como fenómeno social, es una catástrofe. Los cines están cerrados y con el teatro nosotros tenemos mucha suerte con “La Señora de rojo” porqué las actuaciones no se suspenden, se cambian de fecha.

Ahora mismo, si haces una diagnosis del cine, aparece un problema de excepción, de crisis, casi de apocalipsis. Esto no significa, pero, que el talento esté ahí, como lo está el coraje y las ganas de seguir trabajando.

Hablando de la pandemia, hay un poco la percepción que se ha sacrificado en exceso al sector cultural de todo el país. ¿Coincides con ella?

Digamos que la cultura nunca ha sido la gran protegida o atendida por las esferas de poder pese a lo que digan algunos. La cultura es algo que siempre ha tenido que andar buscándose la vida como ha podido y ahí seguimos. Jamás se han puesto las cosas fáciles al sector o todo este gran elemento que conlleva la palabra cultura.

La zona de la piscina del Gran Claustre ha estat un dels escenaris del rodatge del curtmetratge.

 

Hablemos de teatro y de la obra “Señora de rojo sobre fondo gris” de Miguel Delibes que estás llevando por toda España. Sé que el teatro es una de tus facetas preferidas, pero no sé si te gusta más que el cine…

Me gustan más las buenas historias y los buenos personajes. El medio me es indiferente, aunque reconozco que, desde un tiempo a esta parte, la mecanicidad del cine si me molesta más. Me molestan los madrugones, el frío del invierno, el calor del verano. De hecho, cuando llega un guion a casa y pone “exterior noche” ya no lo hago. Me molestan los tiempos muertos, las repeticiones… mientras que ahora en el teatro, pudiendo elegir mi trabajo, está todo más concentrado, hay una unidad de acción y todo se resuelve. Digamos que la ceremonia es más completa, pero no hago distingos en cuanto a jerarquías, ni por medios ni por géneros. No me parece más importante hacer tragedia que hacer comedia, ni me parece más serio hacer teatro que hacer cine o televisión. Hacerlo bien es igual de difícil en un genero o en un medio.

Tuviste la suerte de conocer a Miguel Delibes y ser amigo suyo. ¿Qué ventajas te da conocer al autor de la obra que vas a interpretar? ¿Hasta qué punto es importante?

Conocí a Delibes cuando hice “Las guerras de nuestros antepasados“ en el año 1989. Por supuesto que es importante conocer al autor y más cuando ese autor es Miguel Delibes que era un señor. Presumo de haber sido amigo suyo y por esto esta función, para mí, tiene el valor añadido, no solo como autor sino también como ciudadano, de poderle rendir homenaje a un amigo.

¿Crees que crece el interés por el teatro estos últimos años? Lo digo porqué durante mucho tiempo, el perfil de público que asistía al teatro era de mucha más edad del que va al cine.

En primer lugar, el teatro se ha democratizado, se ha descentralizado y ahora, pues han aparecido auditorios donde antes no los había y fruto de esa democratización. Si hablo por mí, sé que cuento con la fidelidad de un número de personas que siguen mi trabajo y eso a mí me permite hacer lo que me gusta hacer. El teatro, y una forma de teatro, sigue permaneciendo y teniendo su poder de convocatoria y su razón de ser. No te puedo hablar de subidas o bajadas porqué la frecuencia con que se da ahora el fenómeno teatral en los sitios es menor que cuando yo empezaba. En aquella época podías estar dos semanas en Badajoz y ahora estás un día y vas que te matas. Toda esa proporcionalidad ha ido cambiando.

Una pregunta clásica para acabar. ¿Cuándo finalices las representaciones teatrales de ahora, qué mas harás? ¿Hay algún proyecto en mente?

De momento nada. Nada porqué ya estamos programando 2022 o sea que ya me contarás. Nada, absolutamente nada, que no sea “Señora de rojo sobre fondo gris”.