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Artículo de opinión de Gustavo Pérez Trujillo

“Ocho apellidos marroquís” se presenta como una comedia que pretende seguir el éxito de las películas anteriores de la franquicia. Sin embargo, la cinta se queda corta en cuanto a originalidad y frescura, revelando el agotamiento de una fórmula que se siente forzada y desfasada. No es solo la trama la que decepciona, sino el mismo concepto que, en su afán por explotar el éxito de los títulos previos, se convierte en una caricatura de sí misma.

El principal problema radica en la falta de evolución del enfoque narrativo. Mientras que las dos primeras películas se basaron en clichés culturales que resultaron humorísticos en su momento, esta entrega se apoya en una sucesión de chistes previsibles y estereotipados que ya no provocan la misma risa. La narración se percibe cansada, y la trama repite fórmulas que buscan capturar la magia de las producciones anteriores, pero sin el mismo nivel de chispa.

Los personajes se sienten atrapados en una versión desgastada de sí mismos, repitiendo patrones cómicos que alguna vez funcionaron, pero que ahora resultan monótonos y predecibles. En lugar de aportar algo nuevo a la saga, la película parece más preocupada por capitalizar el éxito anterior que por ofrecer una comedia fresca y contemporánea.

Fotograma de “Ocho apellidos marroquis”.

 

El guion no escapa de esta falta de originalidad. Mientras intenta mantenerse fiel al estilo que definió la serie, “Ocho apellidos marroquís” falla en reinventar el humor de las entregas previas. La película se convierte en un pastiche de bromas recicladas que no logran impresionar ni hacer reír como solían hacerlo.

En cuanto al modelo de producción, esta cinta resalta las deficiencias de una industria que se ha acostumbrado a seguir fórmulas probadas sin ofrecer contenido que realmente innove. En lugar de apostar por nuevas ideas, la industria se aferra a franquicias como esta, que alguna vez tuvieron éxito pero que ahora exhiben signos claros de agotamiento.

“Ocho apellidos marroquís” es una prueba más de la necesidad de replantear el modelo de producción en el cine español. La repetición de fórmulas desgastadas, combinada con un enfoque excesivamente centrado en las ganancias, conduce a producciones que se sienten huecas y carentes de creatividad. Es un ejemplo que evidencia la importancia de buscar nuevas ideas y no temer a la innovación, porque las franquicias por sí solas no pueden sostener el interés del público indefinidamente.

Cartel de la película.

 

No acabaré sin hablar, y ser muy crítico, con un aspecto que resalta en “Ocho apellidos marroquís” y que es el uso repetitivo de tópicos sobre españoles y marroquíes que perpetúan estereotipos desactualizados y dañinos. La película se apoya en caricaturas simplistas que reflejan una visión reduccionista de ambas culturas. Esto resulta no solo problemático desde el punto de vista ético, sino también en términos narrativos, ya que se pierde la oportunidad de explorar personajes más complejos y situaciones más matizadas. En lugar de desafiar los estereotipos, la película los refuerza, reforzando ideas preconcebidas que ya no reflejan la realidad actual de las relaciones entre ambas culturas.

Esta superficialidad en el tratamiento de las identidades culturales no solo empobrece el argumento, sino que también puede perpetuar ideas erróneas en el público. La película parece más interesada en obtener risas fáciles a costa de la distorsión que en ofrecer una representación auténtica o incluso respetuosa. Esto es especialmente decepcionante en un contexto en el que el cine tiene el potencial de ser un puente entre culturas, ayudando a romper estereotipos en lugar de reforzarlos.